Minotauros en el Arriaga

En la entrada de sus diarios correspondientes a cierta víspera electoral Andy Warhol apunta: «Londres estaba tan divertido que tuve que irme». A mí me sucedió el pasado domingo. Cansado de esperar a que José Gabriel Mujika me ofrezca una corresponsalía en Kilmarnock, el paraje donde se elabora el Johnnie Walker, me fui a esa ciudad de titanio que es Bilbao para presenciar el estreno del Axeri Boda de Juan Antonio Urbeltz. Hasta la meteorología se confabuló a su favor, pues salió uno de esos días de lluvia con sol, precisamente los que eligen los zorros para sus bodas.

Egilea
Álvaro Bermejo

Komunikabidea
SDV

Mota
Albistea

Data
2008/02/29

El espectáculo resultó soberbio, rebosante de creatividad, de ritmo y de fuerza. Incluso con su punto Fura dels Baus, cuando los dantzaris que los entrechocaban rompieron los palos y uno casi deja la huella de Vlad el Empalador en una gruppie de primera fila. Vale, se ha escrito mucho acerca de esta coreografía. Que si bebe de un curioso mito vasco-japonés, que si hay que situarla entre las danzas de carnaval, y qué bonito quedó el atrevimiento de deslizar una habanera en la intxaursalsa de las esencias.

Pero sin dejar de ser todo eso, lo esencial de Urbeltz es otra cosa. Su raíz nace del propósito experimental de Jorge Oteiza y apunta a una indagación que trasciende lo folclórico para aspirar a la creación de una nueva semántica de los bailes vascos. Antes de acercarse a un espectáculo de Urbeltz es obligatorio evocar aquellos años, diciembre de 1966, cuando Oteiza y él quedaban para ensayar y aparecían el txistulari Aldekoa y el pintor Zumeta en moto.

Oteiza, el maestro, les enseñaba a «hablar bailando», a revolucionar la danza hasta imbuirla de una conciencia experimental que alumbrara algo más que meros ejecutantes de un folclore. Él soñaba con un mundo de dantzaris-bertsolaris, dantzaris-periodistas, y hasta dantzarisminotauros.

Cuarenta años después los minotauros estaban en el Arriaga, pero eran minotauros de hombre y zorro. De Oteiza y Urbeltz. Con ese par móvil on line, este pueblo que danza al sur de los Pirineos aún tiene mucho que contar. APas de basque que es como un chat entre entrechats.

Ilustrazioa
 

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